ME VOY

Gracias a Ramón (muy especialmente a él), a Vicky, a María, a Raúl… Gracias a todos los que de vez en cuando habéis detenido el tiempo de vuestros ojos mirando las lineas que aquí compartía. Me voy a un blog más sencillo, casi un diario, donde iré volcando lo que me pase en esta nueva etapa de mi vida…

Si queréis seguir leyéndome, haced click aquí:

www.plazadesanpablo.tk

Un saludo.

Juan.

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64: Ante la crisis eclesial:

ECLESALIA, 20/04/08.- Somos conscientes de que este escrito es un procedimiento extraordinario, pero nos parece que también es extraordinaria la causa que lo motiva: la pérdida de credibilidad de la institución católica que, en buena parte, es justificada y que los medios de comunicación han convertido ya en oficial, está alcanzando cotas preocupantes. Este descrédito puede servir de excusa a muchos que no quieren creer, pero es también causa de dolor y desconcierto para muchos creyentes. A ellos nos dirigimos principalmente.

1.- La Iglesia fue definida desde antiguo como santa y pecadora, “casta prostituta”. Crisis graves no han faltado nunca en su historia, y la actual puede dolernos pero no sorprendernos. Toda crisis es siempre una oportunidad de crecimiento, si sabemos en estos momentos “no avergonzarnos del Evangelio” y amar a nuestra madre. Sabiendo que el amor a una madre enferma no consiste en negar o disimular su enfermedad sino en sufrir con ella y por ella. Si deseamos una Iglesia mejor no es para militar en el club de los mejores, sino porque el evangelio de Dios en Jesucristo se la merece.

2.- No hay aquí espacio para largos análisis, pero parece claro que la causa principal de la crisis es la infidelidad al Vaticano II y el miedo ante las reformas que exigía a la Iglesia. Ya durante el Concilio se hicieron durísimas críticas a la curia romana. Más tarde Pablo VI intentó poner en marcha una reforma de esa curia, que ésta misma bloqueó. Es muy fácil después convertir a un papa concreto en cabeza de turco de los fallos de la Curia. Por eso preferimos expresar desde aquí nuestra solidaridad con Benedicto XVI, a nivel personal y a pesar de las diferencias que puedan existir a niveles ideológicos: porque sabemos que los papas no son más que pobres hombres como todos nosotros, que no deben ser divinizados. Y que si algún error grave se cometió en todos los pontificados anteriores fue precisamente el dejar bloqueada esa urgente reforma del entorno papal.

3.- Una de las consecuencias de ese bloqueo es el injusto poder de la curia romana sobre el colegio episcopal, que deriva en una serie de nombramientos de obispos al margen de las iglesias locales, y que busca no los pastores que cada iglesia necesita, sino peones fieles que defiendan los intereses del poder central y no los del pueblo de Dios.

Ello tiene dos consecuencias cada vez más perceptibles: una es la doble actitud de mano tendida hacia posturas lindantes con la extrema derecha autoritaria (aunque sean infieles al evangelio e incluso ateas), y de golpes inmisericordes contra todas las posturas afines a la libertad evangélica, a la fraternidad cristiana y a la igualdad entre todos los hijos e hijas de Dios, tan clamorosamente negada hoy. Otra consecuencia es la incapacidad para escuchar, que hace que la institución esté cometiendo ridículos mayores que los del caso Galileo (pues éste, aunque tenía razón en su intuición sobre el movimiento de los astros, no la tenía en sus argumentos; mientras que hoy la ciencia parece suministrar datos que la Curia prefiere desconocer: por ejemplo en problemas referentes al inicio y al fin de la vida). La proclamada síntesis entre fe y razón se ve así puesta en entredicho.

4.- Pero más allá de los diagnósticos, quisiéramos ayudar a actitudes de fe animosa y paciente para estas horas negras del catolicismo romano. Dios es más grande que la institución eclesial, y la alegría que brota del Evangelio capacita hasta para cargar con esos pesos muertos. No vamos a romper con la Iglesia, ni aunque hayamos de soportar las iras de parte de su jerarquía. Pero tememos la lección que nos dejó la historia: las dos veces en que el clamor por una reforma de la Iglesia fue universal y desoído por Roma, están relacionadas con las dos grandes rupturas del cristianismo: la de Focio y la de Lutero. Ello no significa que la ruptura fuese legítima: sólo queremos decir que no pueden tensarse las cuerdas demasiado. Tampoco vamos a romper, porque la Iglesia a la que amamos es mucho más que la curia romana: sabemos bien que apenas hay infiernos en esta tierra donde no destaque la presencia callada de misioneros, o de cristianos que dan al mundo el verdadero rostro de la Iglesia.

5.- Durante gran parte de su historia, la Iglesia fue una plataforma de palabra libre. Hoy nadie creerá que un santo tan amable como Antonio de Padua pudiera predicar públicamente que mientras Cristo había dicho “apacienta mis ovejas”, los obispos de su época se dedicaban a ordeñarlas o trasquilarlas. Ni que el místico san Bernardo escribiera al papa que no parecía sucesor de Pedro sino de Constantino, para seguir peguntando: “¿hacían eso san Pedro o San Pablo? Pero ya ves cómo se pone a hervir el celo de los eclesiásticos para defender su dignidad”. Y terminar diciendo: “se indignan contra mí y me mandan cerrar la boca diciendo que un monje no tiene por qué juzgar a los obispos. Más preferiría cerrar los ojos para no ver lo que veo”… Precisamente comentando este tipo de palabras, escribía en 1962 el papa actual (en un artículo titulado “libertad de espíritu y obediencia”): “¿es señal de que han mejorado los tiempos si los teólogos de hoy no se atreven a hablar de esa forma? ¿O es una señal de que ha disminuido el amor, que se ha vuelto apático y ya no se atreve a correr el riesgo del dolor por la amada y para ella?”.

Así quisiéramos hablar: no nos sentimos superiores, pues conocemos bien, en nosotros mismos, cuál es la hondura del pecado humano. La Escritura, hablando de los grandes profetas, enseña que su destino no es el protagonismo sino la incomprensión; y ante eso nos obligan las palabras del apóstol Pablo: “si nos ultrajan bendeciremos, si nos persiguen aguantaremos, si nos difaman rogaremos”. Pero nos sentimos llamados a gritar porque también hay allí una imprecación impresionante que tememos tenga aplicación a nuestro momento actual: “¡por vuestra causa es blasfemado el nombre de Dios entre las gentes!”.

“Fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe” sabemos que podemos superar estos momentos duros sin perder la paciencia ni el buen humor ni el amor hacia todos, incluidos aquellos cuyo gobierno pastoral nos sentimos obligados a criticar. Este es el testimonio que quisiéramos dar con estas líneas.

JUAN ANTONIO ESTRADA, IMANOL ZUBERO y Aburto Rike, Juan María; Adell Ventura, Joaquim; Aguinaga García Marisa; Aguirre Osacar, Alejandro; Aguirre Martín-Gil Mª Teresa; Alcalde Revilla José Luis; Alegre Santamaría Xavier; Amigot Gracia, José Manuel; Andrea García Calvo, Maite; Anta Moldón Argentina; Aranda Latorre, José Miguel; Arias Ergueta, Pedro Luís; Arnedo Forcano Ricardo; Arpide txano Xabier; Arpide Etxano Asier; Arregui Olaizola, José; Askasibar Renobales, Xabier; Apastegui Mangado, Augusto; Ayerra Rodríguez Mari Patxi; Azilu Sagastuy Jesús; Azpeitia Bengoa, Miguel Ángel; Baena Altisent Mª Isabel; Baeza Atienza Javier; Barba Pérez Carmen; Barbazán Díaz Pilar; Barja de Quiroga Mª Mercedes; Barja de Quiroga Mª Dolores; Beca Mª Pilar .; Beltrán de Otalora Goya, José L.; Beorlegui Rodríguez, Carlos; Bérchez González Rafaela; Bernabeu López José Ramón; Blanco Ruíz Antonio; Blázquez Jiménez Virginia; Boedo Osorio Rosa Mª; Bofill Portabella Roser; Bosch Sintes Juan José; Bragulat Bosom Francesc; Bueno González Rafael; Calle de la Peña, Javier; Carreras Ignasi; Carrión Mangas, Hipólito; Casas Andrés, Roberto; Carrasco Macarro Joaquín; Casasnovas Ana Mª; Castel Branco Mª Ines; Castell-Ruiz Casado, Ana; Castelli Hugo; Castillo Rodríguez Javier; Castro Recuero Jesús; Celigueta Crespo Tere; Cigüenza Zuazo, Marta; Claret Corominas Jordi; Collado Broncano Manuel; Coloma León, Agustina; Comes Ballester, Josep Antoni; Corera Oroz, Concepción; Corera, Violeta; Crende Corbera; Criado Lobato Modesta; Cruces Gaitán Timoteo; Cuenca Valdivia Pedro; De Burgos Román Juan; De Dompablo y B. de Qurirós Jorge; De Juan-Creix i Bretón Ignasi; De la Vega Cebrián María; Del Rey, Charo; Delgado López Teresa; De Miguel Rivas Carmen; De Sebastián Luis; De Tapia Pérez Emiliano; Díaz Flor; Díaz Ortiz José; Domínguez Domínguez Matías; Duato Gómez-Novella, Antonio; Echávarri Zuazu, Mª Angeles; Echeverría Erro, Jesús; Echeverria Erro, Teresa; Eizaguirre Díez de Rivera Carmen; Espino Granado José Luis; Esquinas Candenas Mercedes; Estrada Díaz Juan Antonio; Etxeazarraga Gokikoetxea; Fanjul Suárez Gonzalo; Fernández Barberá Carlos; Fernández Benítez, Miguel; Fernández Campoamor Beatriz; Forcano Cebollada Benjamín; Forcano Lloveras Antonio Mª; Fuster Junquera Patricia; García-Aguiló Lladó Matilde; García Albertos José Ramón; García-Castellano García Ana; García de Eulate Romanos Mª Jesús; García García José Luis; García González Quintín; García Monge José Antonio; García-Moreno García Catalina; García Pérez, Rubén; García Roca, Ximo; Garrido Amado Mª Victoria; Garzón Montenegro Elena; Gaztambide Roldan, Sagrario; Gil, Carlos; Giménez Meliá Josep; Ginel Viela Alvaro; Gómez-Marthino Cortés Ana; Goikoetxea Iturregui, Marije; Goikoetxea Iturregi, Enrique; Gómez Cañedo, Julio; Gómez Rodríguez, Enrique; González González Ana Mª; González Faus José Ignacio; González López Guillermo; González Tánago Julio; Goñi Soroa, Javier; Górriz Latorre, Jorge; Gorrochategui Oyaneder Carmen; Grande Lorenzo Beatriz; Gutiérrez del Val, Macrina; Haya Oteiza Margarita; Hernández Rey Carmen; Hernández Zubizarreta Antonio; Hernández Martínez Antonio; Ibáñez Pastor Luis; Iglesias Meilan, Jose Luís; Iragui Aguinaga, Sixto; Iribarren Echarri Mª Teresa; Iribarren Lizarraga, Jesús; Iruretagoyena Sánchez, Javier María; Isusquiza Yarritu, Luís Ignacio; Jiménez Larrea, Marta; Jiménez Urbano, José Luis; Joya Castellano Blanca; Juan Herranz Gema; Laborda Hernández, Joaquin; Lanao Clavera Jesús; Largo Macho Otilio; Larraya Zaragüeta Manuel; Linaza Antonio; Llano, Ana; Llorente Mingo, Javier; Lobo Alonso José Antonio; Lois Fernández Julio; López Bruñet Trinidad; López López Juan Francisco; López Yebra Emilio; Lunar Hernández Carmen; Madariaga Garamendi, Iosu; Maestrojuan Correcher, Pilar; Malla Escofet Pilar; Marone Borbón Mª Teresa; Markina García, Nerea; Martín de la Concha José Luis; Martí Félix; Martín Martínez, Vicenta; Martínez de Ag. Ortiz de Zárate, Javier; Martínez Flórez, Ángel; Martínez Genique Alberto; Martínez García Salvador; Martínez González Manuel; Martínez Gordo Jesús; Martínez Lalmolda, Carmelo; Martínez Rodamiláns, Ana María; Martínez Sola Mª Mercedes; Masiá Clavel, Juan; Mateo de Miguel Felícitas; Mendezona, Mikel; Mendia Gallardo, Rafael; Mendoza García Salvador; Merino Paz Dolores; Merino Pérez Lorenzo; Mesperuza Rotger, Eskolumbe; Miaja de Sarrazo Ana María; Mirena Bakaioa Joseba; Mora Moracho, Natividad; Moreno Domingo Carmen; Moreno Muguruza Carmen; Moreno Muguruza Mercedes; Moreta Ignasi; Mostazo Alava, Ana Carmen; Muerza Serra, Javier; Múgica Munárriz, Guillermo; Mujal Lluis G.; Muñoz Barrera, Francisco; Murillo Urcelay Isabel; Mutiloa Goldáraz, Mª del Carmen; Oiz Ibarrola, Roberto; Oliveres Sanvicens Mª Lluisa; Onrubia Javier; Ontañón Carrera Guillermo; Oñate Lamas Joan; Oñate Landa M Carmen; Oñate Landa Javier; Oroz Echarri, Ramón; Orradre Esáin Miguel; Ortega González Ascensión; Ortega Rodríguez Álvaro; Ortuzar Arines Bingen DNI; Osés Serda Mª Asunción; Oyarzabal Elena; Pagola Lorente, Javier; Paradinas Riestra Luis; París Aristy, Patxi; Pasto Bodmer Alfredo; Pastor Blancou Sofía; Peña Herrero Julia; Peña Vázquez Manuela; Perea, Joaquín; Pereda Olarte Carlos; Pérez de los Santos Héctor; Pérez Hernández Rafael; Pérez González Mª José; Pérez- Soba Baró Pilar; Pérez Tapias Juan Antonio; Pico de Coaña de Valicourt Yago; Pizarro Segundo; Prudencio Morales Mª Luisa; Pujol Lago Pura; Queralt Llaudert Eulalia; Quirós Saíz José Luis; Raguer Hilari; Ramirez de Olano Egurbide, Maria Begoña; Reino Prada Miren Estibalitz; Renedo, Heraclio; Riega Riega, Mª Isabel; Ríos Villanueva Marta; Rodríguez Aguado Eubilio; Rodríguez Fernández, José Miguel; Rodríguez García, Micaela; Rodríguez Gómez Franco; Rodríguez Sánchez Antonio; Rodríguez Teso Agustín; Rosende Paz, Emilia; Ruiz Fernández Cristina; Ruiz Orbezua Elena; Ruiz Torres Tomasa; Sacristán Gárate Pilar; Saenz de Cabezón Anitua Miguel; Sáenz de Ugarte Eguskiza, Luis; Saenz Novales Patricia; Sagaseta Castaño, Juan José; Sala Canela Magda; Salamero Duaso, Mª Cruz; Sánchez Maus Jesús; Sánchez Menéndez Pedro; Sánchez Monroy, Ignacio; Sánchez Torrado Santiago; San Martín Picabea, Inés; San Martín Oncea, Vicente; Sasia, Peru; Sastre García Jesús; Seguí Martí Anna; Sobrino Aranzabe, Itziar; Sol Bachs Salvador; Tamayo Acosta Juan José; Tascón Fernández Julio; Terribas Alamegó Jaume; Tito Lloret Amelia; Tojo Menéndez José Ramón; Toña Guenaga, Ángel; Torrens Viladecans Josep; Torres García, Carmen; Torres Pérez, Mª José; Torres Queiruga, Andrés; Tortosa Alarcón José María; Tostado Sánchez Pedro; Totosaus Josep Mª; Turias Dancausa, María Isabel; Ulibarri Fernández, Florentino; Ulloa Edith; Uraga Laurrieta, Bittor; Urda Alguacil Antonio; Uribarri, Juanto; Urrutia Gómez, Javier; Vázquez Torres, Magdalena; Velasco Criado Demetrio; Velasco Martínez Rufino; Vélez Sáez, Mª Soledad; Vicente Martín Mª Antonia; Vila Despujol Ignacio; Villar Villar Evaristo; Vitoria Cormenzana, F. Javier; Zabalo Gómez, Francisco Javier; Zubía Guinea Marta; Zubero Beascoechea, Imanol; Zumalde Otegui, Ana María; Zugasti Martínez, Mª Jesús.

63: Benedetti

“Cuando muere un poeta, lloran las palabras
y los libros.
Las letras mayúsculas se desdibujan
y los nombres y adjetivos
miran alcielo
en busca de lluvia que traiga
un poquito de ellos.
Y yo estoy triste
cuando muere un poeta.
Y me lloro.
Y leo…”

(Esta es mía)

62: 23 de abril

61: Una canción…

60: Por encima del sábado…

Un grupo de «griegos», probablemente paganos, se acercan a los discípulos con una petición admirable: «Queremos ver a Jesús». Cuando se lo comunican, Jesús responde con un discurso vibrante en el que resume el sentido profundo de su vida. Ha llegado la hora. Todos, judíos y griegos, podrán captar muy pronto el misterio que se encierra en su vida y en su muerte: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».
Cuando Jesús sea alzado a una cruz y aparezca crucificado sobre el Gólgota, todos podrán conocer el amor insondable de Dios, se darán cuenta de que Dios es amor y sólo amor para todo ser humano. Se sentirán atraídos por el Crucificado. En él descubrirán la manifestación suprema del Misterio de Dios.
Para ello se necesita, desde luego, algo más que haber oído hablar de la doctrina de la redención. Algo más que asistir a algún acto religioso de la semana santa. Hemos de centrar nuestra mirada interior en Jesús y dejarnos conmover, al descubrir en esa crucifixión el gesto final de una vida entregada día a día por un mundo más humano para todos. Un mundo que encuentre su salvación en Dios.
Pero, probablemente a Jesús empezamos a conocerlo de verdad cuando, atraídos por su entrega total al Padre y su pasión por una vida más feliz para todos sus hijos, escuchamos aunque sea débilmente su llamada: «El que quiera servirme que me siga, y dónde esté yo, allí estará también mi servidor».
Todo arranca de un deseo de «servir» a Jesús, de colaborar en su tarea, de vivir sólo para su proyecto, de seguir sus pasos para manifestar, de múltiples maneras y con gestos casi siempre pobres, cómo nos ama Dios a todos. Entonces empezamos a convertirnos en sus seguidores.
Esto significa compartir su vida y su destino: «donde esté yo, allí estará mi servidor». Esto es ser cristiano: estar donde estaba Jesús, ocuparnos de lo que se ocupaba él, tener las metas que él tenía, estar en la cruz como estuvo él, estar un día a la derecha del Padre donde está él.
¿Cómo sería una Iglesia «atraída» por el Crucificado, impulsada por el deseo de «servirle» sólo a él y ocupada en las cosas en que se ocupaba él? ¿Cómo sería una Iglesia que atrajera a la gente hacia Jesús?

(José A. Pagola. Eclesalia, 25 de marzo de 2009)

Sirva este texto como lectura previa a una reflexión posterior. Llevamos repitiendo a los chicos y chicas del colegio en el que hago prácticas que lo principal del misterio de la Pascua es la Resurrección. Ayer mismo (hablo de 2º de Primaria) se les pedía que dibujaran una escena de varias del libro, pero se les especificaba que no se detuvieran en las ‘tristes’, en las de la cruz o el camino del calvario, que eso no era lo que Jesús quería.
Nos encontramos con un joven que muere “para que tengáis vida y la tengáis abundante”, según sus palabras. Pues bien, en este país nuestro, el acto central de la Pascua (que, al contrario que en los demás países europeos, nosotros llamamos Semana Santa) es la procesión del regodeo en la sangre y el sufrimiento, las capuchas, las cruces enormes (cruces sin Cristo) cargadas a hombros, los pies descalzos, el dolor de hombros, los tambores y trompetas marciales…
Amo Valladolid, y su Semana Santa es, artísticamente, la más importante del mundo, por la calidad de las figuras que sacan a procesionar. Siempre digo que mi corazón y el de buena parte de pucelanos y pucelanas laten al ritmo de esos tambores. Me encanta.

Después están las salidas del tiesto. Pienso que los cristianos debemos estar en contra de la reforma de la regulación del aborto que quiere el Gobierno, amparándose en favorecer la situación sanitaria de las mujeres que se ven en esa triste situación. Esto es una cosa. Otra cosa bien distinta es que la jerarquía de la Conferencia Episcopal (jerarquía de la jerarquía) se esconda detrás de esto para hacer política, como la llevan haciendo los últimos 5 años, para atacar al Gobierno y a determinada ideología, e intentar que los que comulgan con ella se sientan fuera de la Iglesia e, incluso, condenados.
El aborto es una tragedia, es una tragedia para las mujeres que lo realizan, es una tragedia para la humanidad que haya gente que se vea abocada a esa situación. No es un placer para nadie, y hay que asegurarse que quien se vea obligada a eso lo haga en las condiciones más seguras. Hace 25 años que España reguló el aborto, para tres determinados supuestos que, sin quitar un ápice de gravedad al aborto en sí, son bastante lógicos.
Gobierno e Iglesia tienen que hacer lo posible para acompañar a las mujeres que se ven en situaciones tales como violaciones, peligro para su salud, para la del feto, etc. Proponer soluciones, no quitarse el problema de en medio diciendo “NO AL ABORTO” u “ABORTO LIBRE” sin tener en cuenta que detrás de todo esto está la vida de las personas.

Esta ley nueva es cafre. No hay más calificativo.
La campaña de la Iglesia es estúpida, y nada pedagógica. No nos preocupamos por explicar por qué decimos y creemos en la negatividad sustancial del aborto, pero es que tampoco mostramos la menor sensibilidad hacia las mujeres que viven esa tragedia (hace pocos días veíamos como un obispo brasileño excomulgaba de manera inmediata a la familia de una niña de 9 años que había abortado tras haber sido violada por su padrastro). En fin.
Y volviendo a las cofradías, ahora debaten si llevar lazos blancos o no. Claro que son libres de mostrar su opinión, pero no sé si es el lugar propicio, si esto no es convertir una procesión en una manifestación…

Y el segundo episodio que me ha llevado a desahogarme sin orden ni concierto ha ocurrido esta mañana. En Valladolid, la Semana de Pasión se abre con un pregón. Es la semana más importante del año en Valladolid, y al acto acuden autoridades civiles y eclesiásticas muy significativas. Este año, el elegido (según tengo entendido, lo elige Alcaldía de una terna presentada por la Junta de Cofradías) es el escritor ‘vallisoletanísimo’ Gustavo Martín Garzo, creyente, de una sensibilidad sentida, vivida y transmitida través de sus páginas. Según sus palabras, el pregón va a estar enfocado a hablar del que dice que ha sido el libro más importante de su vida: la Biblia.
Parece ser que hace unos meses fue entrevistado por El País y esa entrevista debía contener alguna crítica a la Iglesia. Son muchos los creyentes que criticamos a veces a la jerarquía, y eso no nos invalida ni nos deja fuera de ella. El caso es que aquí nadie, ni el Arzobispo, ha dicho nada. Pero hete aquí que dos cofradías, la Preciosísima Sangre y La Piedad, han decidido no acudir al acto por no se sabe aún qué razones. El Alcalde, Javier León de la Riva (PP) y el arzobispo Mons. Braulio Rodríguez, por supuesto, acudirán a este acto que este año se realizará ante el Santísimo Cristo de la Luz, paso principal de la Hermandad de la Universidad, en cuyo Rectorado descansa.
Por cierto, que la Junta de Cofradías de Valladolid ha decidido no externalizar mediante lazos blancos el rechazo a la reforma de la regulación del aborto.

El caso es que estos anuales cristianos llegan ya a opinar sobre quién merece y quién no creer en Cristo.

Más allá de la cruz: la vida, la muerte y la resurrección de un Dios que se hizo hombre para poner siempre a los hombres y las mujeres por delante de leyes y normas. Por encima del Sábado…

59: Aurreskumuñeiro

Últimamente, por no sé qué extraña causa, no me gusta hablar directamente de política ni hacer análisis que me lleven a la liquidación de esos bandos en los que están divididos los que dicen no estar en ningún bando (a los que sabemos en qué bando estamos, al menos, se nos vé venir).

Ayer leía en el Le Monde (periódico francés, alejado de la payasada que es la prensa española) situaba a cada partido vasco en su sitio: al PP en el centro-derecha, al PSOE en la izquierda y a UPyD (los de la señora Díez)… ¡En la derecha antinacionalista!  (literalmente “droite anti-nationaliste”). Es decir, desde fuera, ese partido es visto como más a la derecha del PP… Que quede claro que no nos lo inventamos unos socialistas resentidos…

Pero a lo que voy, que sólo quería poner aquí el análisis magnífico que hace Forges en El País.

Este domingo, los pueblos vasco y gallego salieron de casa, y resulta que son adultos, y han arrancado de raíz las mentiras que algunos les hacían creer. En Galicia gobernaban un tonto (Presidente en funciones Touriño) y un totalitarista (vicePresidente en funciones Quintana). En Euskadi, un señor que no sabe ni lo que es pero que piensa, junto con su partido, que las tres provincias son la herencia privada que les dejó el señor Arana en el XIX (Lehendakari en funciones Ibarretxe y su ‘troupe’).

Ni crisis ni hostias, por ser claros. El nacionalismo cansa, cansaron los nacionalismos españolistas de Aznar, cansaron los nacionalismos de CiU (aunque se metieron en uno peor), cansaron el nacionalismo del BNG y el del PNV. Cansa el palurdismo (de palurdo, no confundir con la Malaria) que aísla pueblos  del mundo, cuya única ideología es masturbarse con una bandera. Miren: está muy bien defender la tierra propia, incluso reclamar la independencia si se cree justa (de hech0, soy de los que piensa que habría que consultar al pueblo vasco qué quieren). Pero hoy nos desayunamos con que el Eusko Jauralritza (Gobierno vasco) y el Euskadi Buru Batzar (Ejecutiva del PNV) piensan que el señor Ibarretxe no debe dejar de ser Lehendakari y estos últimos, incluso que es un insulto que el PSE y el PPpv se coaliguen para poner a Patxi en Ajuriaenea. Resulta que esto se solucionaría si los españolitos pudiéramos elegir directamente al presidente de cada lugar (Alcaldes, presidentes autonómicos, Presidente del Gobierno…) Pero mientras no, son las diferentes cámaras legislativas las que tienen la potestad de hacerlo. Y si una mayoría de parlamentarios vascos eligen a Patxi, pues Patxi Lehendakari, igual que una mayoría eligió a Montilla President o a Touriño hace 4 años y ahora a Núñez Feijóo. (Por cierto, al PP le pareció muy mal y ahora van a hacer ellos eso en Euskadi, a ver si se aclaran).

Cambio, por fin el cambio, a ver si se acaban las payasadas de unos y otros. El pueblo, que a veces se cabrea…

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